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Un todo silencioso

Un todo silencioso

Siendo el lugar más sagrado para el judaísmo, en el monte Moriá se construyeron el primero y segundo Templo de Salomón. Ambos templos con destinos lamentables, ya que el primero fue destruido por los babilonios en el año 587 a. c., y el segundo, por los romanos en el año 70 d. c. El Muro de los Lamentos, es la única parte del Segundo Templo de Salomón que quedó erguida después del asalto Romano.

 

La importancia de este lugar sagrado está íntimamente ligada entre otras cosas, a una época embelesaste y grandiosa en la historia de la humanidad, y específicamente, del pueblo judío. Siendo esa, la historia de Abraham y posteriormente la historia del Rey David y su hijo Salomón.

 

Pero volviendo al presente por cuestiones de tiempo y espacio. Les puedo comentar que desde pequeño había querido conocer el Muro de los Lamentos. Habiendo nacido cristiano y siendo una persona naturalmente curiosa, había quedado cautivado con las imágenes que veía en la televisión. 

 

Muchos años después, ahí estaba en persona viendo a la gente en su devoción: en su todo silencioso. Habiéndome informado con anterioridad con uno de mis mejores amigos hebreos, pegue la frente al muro con mi kipá puesto por respeto.

 

Y debo de confesar, que hoy en día siendo agnóstico, en ese lugar no podía ver a Dios, como lo hace la persona de mi foto, pero lo que sentía, era como si estuviera conectado con millones de seres humanos, de momentos históricos diferentes, por un instante, en el presente y a través de la frente.

 

Era como estar enchufado a una fuente de energía. Una indescriptible energía antropológica. Cuestión que de hecho, me hizo regresar en repetidas oportunidades, a volver a querer pegar la frente.

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